El valor de lo inédito

Palo grueso juanjo 2

Palo Grueso by Juanjo Conti

 

“It’s better to ask forgiveness than permission.”
Grace Hopper

 

La mayoría de los certámenes literarios imponen la condición de que el material enviado por los aspirantes sea inédito. Esto siempre me suscita dos preguntas: ¿por qué? y ¿a qué se considera inédito?

Empiezo por la segunda. A algunas personas tal vez les parezca obvio, pero a mí, no. La línea que divide lo inédito de lo editado puede haber sido más clara en el pasado. Hoy, en cambio,
con las facilidades que provee la tecnología, la distinción ya no es tan simple.¿Sigue siendo iné-dito un poema después de haber sido posteado en Facebook? (El sentido común diría que sí, pero hay concursos que consideran lo contrario). ¿Y un cuento impreso en casa que engrampa-mos con una tapa artesanal y salimos a vender en una feria? Incluso, existen programas libres que nos permiten autoeditar nuestra novela y enviar a imprenta archivos indistinguibles de los que podría enviar una editorial comercial. ¿Esa novela se considera inédita? ¿Es un libro autoeditado inédito? ¿Aun si no tiene ISBN*? Parecería que no y un concurso de novela inédita no lo acepta-ría, pero ¿qué pasa cuando nos paramos en la otra vereda?

Hay eventos a los que solo pueden asistir escritores. ¿Cómo se asegura la organización de que no se llene de escritores wannabe? Agrega una cláusula exigiendo que quien se presente tenga al menos tres libros editados… y completan, con ISBN.

¿Entonces no se usa la misma vara para todo? No puedo enviar mis cuentos al concurso si pre-viamente los imprimí y los engrampé (o generé un ePub y lo subí a mi blog), pero tampoco soy escritor hasta que no tenga por lo menos tres libros con ISBN y depósito legal como marca la ley.

Según los concursos, hay una justificación para exigir este tipo de “inediticidad”. El cuento debe ser inédito o, mejor dicho, no debe haber sido difundido previamente para evitar que el jurado lo haya leído antes y que se pierda el anonimato (otra exigencia, más entendible); si quien debe juzgar el texto ya lo leyó en otro lado, puede asociarlo al autor real y saltar el salvaguardo del seudónimo. Me parece un argumento débil. Es más probable que el jurado reconozca un texto porque este pasó por su taller o porque fue leído en algún encuentro de la asociación de escri-tores a la que él pertenece. Y sobre esto no se hace nada.

Roberto Bolaño siempre usaba la palabra “valor” con dos acepciones: la que se refiere al ‘grado de aptitud’ y la relacionada a ‘valentía’. Mi opinión respecto a la primera es que el valor literario de un texto no aumenta por el hecho de mantenerlo oculto, sino por nuestro trabajo en él. En cuanto a la segunda, creo que poca valentía hay en esconderse. Cuando alguien produce algo de lo que está orgulloso, quiere mostrárselo a los demás, compartirlo. Me cuesta mucho ver una razón para no hacerlo en pos de un eventual concurso.

Mi solución al dilema, por el momento, pasa por la “desobediencia ciudadana”. En este caso, en-viar siempre los cuentos a los concursos, excepto cuando ya se hayan estacionado en un libro con ISBN. Esto no es menos deshonesto que lo que Bolaño relata en el cuento Sensini, en el que Antonio Di Benedetto lo insta a enviar el mismo cuento a distintos concursos cambiándole el títu-lo. En otras palabras, aplico la regla hacker que reza: Más vale pedir perdón, que permiso.

*Número Internacional Normalizado para Identificación de Libros,
en todos sus formatos y soportes, en el ámbito internacional.


 

Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución 4.0 Internacional.

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